EL JUEGO, EL DOCENTE Y EL NIÑO EN LOS CICLOS DE LA EDUCACION INICIAL Y ESPECIAL

El juego es un rasgo singular de la infancia y una actividad que acompaña la experiencia cotidiana de los niños. El juego es un derecho de los niños y una expresión comunicacional a nivel de lenguaje analógico (corporal o de la acción) que utiliza el niño para poder expresarse consigo mismo y con los otros aún antes de que domine el lenguaje digital o verbal. Tiene una fuerte vinculación con la construcción del conocimiento ya que, en esta etapa de la vida, investigar, jugar, conocer y crear situaciones nuevas de relación están en su mayor apogeo.

Sin embargo, la escuela y la educación en general no siempre fueron aliadas del juego. En este sentido encontramos en numerosa investigaciones  sobre la vida cotidiana escolar que demuestran que, a medida en que aumenta la edad de los niños, disminuyen los tiempos y espacios que los docentes destinan al juego, en especial el juego libre, a pesar de que ocupa un lugar fundamental en el desarrollo infantil.

Actualmente, si bien el juego ocupa un lugar importante en el discurso de los docentes, esta presencia no siempre coincide con el lugar que se le otorga en el proyecto curricular institucional y en la práctica cotidiana de la escuela.

Proponemos intensificar las propuestas lúdicas en estos Niveles y revisar las prácticas para re significar el lugar del juego en relación con el conocimiento, el aprendizaje y la enseñanza.  Religar estos conceptos y recuperar la tradición del Nivel, no implica dejar de lado la reconocida vinculación que el juego tiene con la libertad, la creatividad y el placer y el aumento y riqueza de las relaciones interpersonales, sino que requiere, además, poner énfasis en este potencial que tiene el juego en relación con la producción del conocimiento por parte de los niños.

El juego, en un espacio como el Jardín, aun en un juego espontáneo de los niños, siempre está en el marco de una intención educativa, ya que a diferencia de lo que ocurre en la plaza, en el barrio o en la casa, la presencia de un docente, ocupado e interesado por la trayectoria escolar del niño, modifica la experiencia de juego. Ya se trate de un juego simbólico, de un juego de construcciones o de un juego dirigido, esta experiencia permite al docente un amplio conocimiento del niño, sus intereses, sus preocupaciones, su conocimiento sobre el mundo, que no puede pasar inadvertido y que es un material fundamental a la hora de pensar estrategias de trabajo lúdico con ellos.

En síntesis, para el docente es importante considerar las distintas dimensiones del juego, en tanto es: a) un Derecho de los niños; b) Rasgo singular de la infancia; c) Espacio de construcción de conocimiento y de nuevas interrelaciones; d) Fenómeno cultural y social y e) Espacio ligado al placer, la libertad y la creatividad.

En este sentido, es necesario superar algunas posiciones dilemáticas en las que el juego es entendido como un espacio libre en el que su único valor radica en el “jugar por jugar”, o en el que el juego es entendido como valioso en tanto se propone “enseñar contenidos” de las disciplinas.

Consideramos que el docente tiene un lugar de responsabilidad y garante del derecho del niño a jugar, por lo cual se espera que elabore propuestas pedagógicas que integren todas las expectativas que conlleva el jugar y que en la vida de los niños no se dan por separado la comunicación y el aprendizaje y el vínculo afectivo que establece el niño con el docente dado que éste es el soporte afectivo del niño cuando sus progenitores o responsables no están presentes.

Para el docente del ciclo maternal es importante considerar la multiplicidad de perspectivas que se despliegan al analizar el juego en el marco de la educación sistemática de los niños, así como, la centralidad del juego simbólico en la educación y en el desarrollo infantil, en tanto espacio de construcción de conocimientos, lenguaje y subjetividad..

En este sentido “estudiar el juego y su relación con la enseñanza no es un problema menor para la educación infantil, sino que es considerado uno de los ejes sobre los cuales debe elaborarse un currículo de calidad y se realicen propuestas en las que se enriquece el juego de los niños, se permite la libre elección y se amplía su conocimiento sobre el mundo social. Para ello es necesario crear un espacio que implique una hora de juego libre para que los niños puedan desarrollar su lenguaje analógico-corporal lo que implicará un aumento del lenguaje interno de los pequeño y como consecuencia posterior una mejor preparación para acceder al lenguaje digital o verbal.

Como lo señalara André Berger: “El lenguaje del niño es la acción”. El niño se comunica con los otros pequeños a través del jugar que es su natural forma de expresarse en la infancia.