BULLYING O ACOSO ESCOLAR (2)

 

Acoso escolar 2

 

El problema del acoso escolar

Si en la televisión sale alguna noticia que se ha hecho viral en redes sociales y en diversos medios de comunicación pasa como con todo: parece como si eso fuera lo único que está sucediendo en el país, como si eso fuera lo único importante.

Bullying

Cuando deja de aparecer… porque los medios de comunicación señalan otras cosas… parece como si el asunto anterior hubiera dejado de existir ¿ya se solucionó todo?

¿Qué es el acoso o bullying?

Consiste en el maltrato o intimidación entre escolares, casi siempre lejos de la mirada de los adultos, con el fin de humillar a una persona indefensa mediante la agresión física, verbal o social.

El acoso o bullying tiene distintos componentes:

  1. Actos intencionados de intimidación y victimización,
  2. Quienes se perciben en una situación de superioridad,
  3. A otro que se considera indefenso,
  4. Se desarrolla por parte de un “compañero”, y
  5. Las acciones son insultos, golpes, rumores, difamaciones, aislamiento social, burlas, etc.,
  6. Por lo tanto, ALERTA, de no hacer algo, puede durar meses e incluso años e incluso llevar al “suicidio” del que se siente acosado/a,[i] si se agravan sus sentimientos de culpa, vergüenza y por no hablar de lo que le pasa.

Uno de esos capítulos es el acoso escolar y cuando éste se produce y además trasciende al exterior de forma llamativa suelen ocurrir las siguientes cosas:

– Las familias acusan a los docentes de no vigilar adecuadamente al alumnado.

– Los docentes responsabilizan a los padres del alumnado por no educarles en valores tales como el respeto y la tolerancia entre otros.

– Pocos se sientan conjuntamente para dialogar sobre el asunto y buscan soluciones en las que las responsabilidades son compartidas.

 Las quejas de los padres y madres.

Suelen escucharse expresiones tales como:

– “Los docentes no cesan de quitarle importancia al acoso escolar y afirman que “hay niños muy sensibles que se ponen mal por cosas sin importancia. Ahora cualquier problemita quieren que lo tomemos como acoso escolar y la mayoría vienen con quejas sin importancia”. “Siempre ha sucedido, mientras no se vaya de las manos no es grave.” “No hay que intervenir en los conflictos de los niños, deben resolverlos ellos.” “Mi trabajo es enseñar, no estar pendiente de todo lo que pasa. No soy psicólogo y tengo mucho trabajo con las clases y los informes.” “Los niños son niños.” “Tienen que venir educados de casa.”

Se concluyen en que: “Mientras se esconda que eso sucede en todas las aulas y patios, en todas, a diario y se minimice y niegue el acoso, evitando ayudar a quien pide ayuda hasta que es demasiado tarde, esto pasará. Mientras no entendamos que los niños no están preparados para estar sin compañía consciente adulta, habrá acoso”.

Otros incluso van más allá: “Mientras no cambiemos la organización y la estructura de la Educación, el estudio, el descanso, los horarios y hasta la arquitectura carcelaria de los colegios no erradicaremos el acoso escolar”.

Nos preguntamos: ¿Educación y formación de la persona o solamente llenarlos de información? ¿Qué se entiende por educación tanto en la familia como en la escuela? La educación preescolar y primaria ¿se entienden como complementarias o excluyente? ¿Qué respuestas se dan respecto de la educación tanto padres como docentes? ¿La escuela es el “famoso segundo hogar” o es un dicho popular hipócrita?

Ante la víctima encontramos distintos tipos de participantes:

Agresores: Comienzan el Bullying como parte activa.

Seguidores: No empiezan, pero son parte activa

Partidarios: No son parte activa, pero muestran su apoyo                                                   libremente.

Espectadores: “No toman posición: ‘No es cosa mía’”

Posible defensorPiensan que hay que ayudar a la víctima, pero no lo hacen.

Defensor: “Ayudan o tratan de ayudar a la víctima”

Va esquema luego del subtítulo precedente

 Las quejas de los docentes

Tienen la otra parte de la verdad y su perspectiva tan fundamentada como puede estarlo la de las familias:

– “No podemos hacer de padres ni madres, aunque a diario nos toque hacerlo también. Se supone que en la familia los niños y niñas deben aprender a respetar a las personas, a ser tolerantes ante las diferencias, a asumir que hay límites y unas normas para la convivencia… ¿qué esperan?, ¿qué solo nosotros nos encarguemos de eso?”.

– “Cuando indagas un poco en las razones que llevan a unos niños o niñas a acosar a otros descubres enseguida que en sus hogares hay constantes faltas de respeto y mucha violencia entre la pareja o de los padres a los hijos. Los niños son esponjas y lo único que hacen es reflejar en la escuela lo que viven en sus hogares”.

 “Otras veces es la dejación. Los padres y madres se quejan de que en los patios de recreo falta vigilancia y… ¡ojalá pudiera haber un docente por cada 5 ó 10 niños vigilando pero es al revés: cada vez hay menos recursos humanos para atender las necesidades educativas de los centros y a los que hay se les sobrecarga con mil cosas que tienen más que ver con la burocracia que con el trato directo con el alumnado!,… pero luego en los hogares los niños se atiborran de videojuegos violentos, películas con contenido inadecuado para las edades de los niños y niñas,… sin ningún tipo de control ni límite… en tal de que no molesten”.

Análisis de esta realidad.

El acoso escolar o callejero no nace de la nada. Es responsabilidad de los adultos: Del profesorado que minimiza o desatiende los signos de acoso que los niños denuncian. Del sistema que no es realmente respetuoso con las necesidades reales de los niños y niñas (en lugar de invertir tanto en burocracia… debieran más bien invertir en recursos humanos y su preparación que garanticen una mayor y mejor atención al alumnado en los centros docentes). Y de las familias y los expertos que enseñan a educar matando el alma y la bondad con actitudes rígidas, malos tratos y en algunos casos golpes.

Acoso escolar

No solucionamos nada arremetiendo unos contra otros como si la culpa de todo siempre la tuviera el otro y no yo ni el de más allá. Si hiciéramos esto, estaríamos incurriendo en los mismos errores de conducta que observamos en los niños y niñas.

Necesitamos respeto y una crítica constructiva para reconocer en cada ámbito nuestras carencias y limitaciones, nuestros problemas de fondo, las causas de todos los despropósitos sin acusar, sin juzgar a los demás, sencillamente reconociendo las cosas tal como son.

Necesitamos toma consciencia y despojarnos de nuestro egocentrismo para reconocer que no lo podemos todo y que no tenemos en nuestras manos todas las soluciones y que es bueno recurrir al otro para, como mínimo, escuchar y observar otras perspectivas que nos hagan reflexionar y emprender procesos de cambio.

Todos debemos comprender que es un “verdadero amigo”: es aquel que piensa a menudo en el que sufre, aunque no haya actuado todavía. Habla de lo que sucede con compañeros/amigos suyos para saber si conocen la situación y qué piensan. Por último, se plantea como contar lo que ocurre a los adultos en los que confía para ver si puede ayudar. Un verdadero amigo es aquel al cual le podemos confiar nuestras y contar con su fidelidad en todas las cosas. El buen amigo no es un “compinche” solamente para nuestras “travesuras”, en tanto y en cuanto no implique el hacer daño a otros y sentir placer en ello pues sino se comete bullying.

Propuestas.

Si analizamos todo esto en primer lugar cada uno consigo mismo y luego con las personas adultas que más cerca tenemos (en la familia: la pareja y otros familiares que se relacionen con los hijos nuestros y del mismo modo en los ámbitos docentes en los diversos espacios en que hablamos de la conducta del alumnado) estaremos construyendo un camino sólido para empezar a resolver este problema.

Necesitamos también sentarnos unos con otros y exponer con humildad nuestra realidad, también nuestras limitaciones y carencias.

A partir de ahí preguntarnos: ¿Qué podemos hacer para darle la vuelta a todo esto?

Porque mientras sigamos tratando a los niños y niñas sin respeto, educando con insultos, chantajes, castigos físicos, gritos, negación de las emociones, burla, falta de contacto físico afectivo, autoritarismo porque sí, maltratos, dejación de funciones … esos niños seguirán haciendo a otros el daño que previamente ellos han sufrido y sufren en cualquier ámbito. Y mientras no exista voluntad de hacer cambios en los adultos, no habrá ninguna solución.

Corresponsabilidad.

Hay que asegurar que, desde cada uno de los ámbitos y a partir de las limitaciones insalvables, cada ámbito nos comprometamos a trabajar para erradicar los errores cometidos, pongamos en marcha actitudes y prácticas que eduquen en los valores del respeto, la tolerancia, la solidaridad con el otro, la corresponsabilidad, etc. … que tanto bien pueden hacer en la convivencia.

Colaboración y coordinación.

Aun cuando en cada ámbito haya un firme compromiso por mejorar esta situación y tratar de resolverla es necesario trabajar en equipo con el resto de la comunidad: todos aquellos agentes que intervienen de una u otra manera en la educación de los hijos.

Por lo tanto, es necesario establecer y mantener espacios de encuentro entre las diversas partes: familia, centro docente, equipos técnicos, administración educativa… para:

  1. Abordar los temas que a todos nos preocupan,
  2. Ver la manera de afrontar los conflictos y demás elementos problemáticos relacionados con el acoso escolar,
  3. Aportar ideas que podamos llevar a cabo desde cualquiera de los ámbitos particulares para reforzar los objetivos comunes que nos propongamos,
  4. Concretar acciones y ayudarnos o enseñarnos unos a otras maneras de llevarlas a cabo y,
  5. Establecer espacios y herramientas para revisar el proceso y ver si es necesario cambiar, añadir, quitar, corregir… de manera que logremos entre todos llegar a lo que nos proponemos.

¿Lo intentamos?[ii]

Acciones preventivas para alumnos/as víctimas de acoso escolar (Bullying)

  • Evitar quedarse solos, sobre todo en zonas donde no haya personal de la escuela;
  • Hablar de lo que ocurre con su padre, madre, tíos, amigos o con aquellas personas a quienes les tengan más confianza;
  • Intentar no mostrar miedo ni disgusto;
  • Contestar con humor las burlas;
  • Evitar responder a los ataques (no otorgar poder a los agresores/as);
  • Ante una agresión, exigir que se detengan. Contestar con calma o de lo contrario, alejarse de inmediato;
  • Refugiarse donde haya un docente, amigo/a o personal de la escuela; y
  • La víctima de acoso debe evitar sentirse culpable, con vergüenza y silenciar lo que le ocurre.

Para la reflexión y diálogo en familia

  • Desde tu perspectiva ¿cuáles son las razones por las cuales el acoso escolar se sigue produciendo aún a pesar de todos los esfuerzos para erradicarlo?
  • ¿Cómo tendríamos que hacer para lograr un análisis amplio, claro y fiable acerca del acoso escolar?
  • ¿A qué nos tendría que llevar ese análisis?
  • ¿le parecen adecuadas y suficientes las ideas que se proponen aquí para luchar contra el acoso escolar?, ¿qué otras propondrías: en el ámbito familiar, ¿en el docente y a la administración pública?
  • ¿A qué podemos comprometernos desde nuestro ámbito para contribuir a la erradicación del acoso escolar?

Tanto en el hogar como en la escuela, si no se atiende el problema, todo tiende a volverse crónico. En la educación no hay ni milagros ni enigmas. Hay modos rigurosos, sistemáticos y tenaces de resolver los problemas. Lo que no se puede esperar es que se improvisen soluciones a problemas complejos como es este. Hay que tener preparados –y entrenados– los planes de acción. Lo mismo que se hace con los planes de evacuación de un edificio.

Cada tipo de violencia o de agresividad necesita un tratamiento diferente. El acoso es un caso especial de violencia: aquella que se ejerce premeditadamente para hacer daño, durante un periodo largo de tiempo. Por eso, no tiene nada que ver con la agresividad explosiva o puntual. En el acoso hay tres protagonistas: el acosador, la víctima y los espectadores, por lo que debemos dirigir las medidas educativas hacia los tres. A la víctima para apoyarla, al acosador para hacerle cambiar de conducta y a los espectadores para que se den cuenta de que pueden influir poderosamente en que esos hechos no sucedan.

Si se realizan protocolos en éstos deben fijarse con claridad las responsabilidades de cada agente: de la dirección, del claustro, del departamento de orientación, del tutor, del profesor en su aula, de los alumnos, de los padres, de la Administración educativa. Hay que aprovechar los procedimientos que han demostrado su eficacia: el establecimiento de comisiones de convivencia en las que participen los alumnos, el nombramiento de un profesor encargado de poner en práctica el plan, los procedimientos pedagógicos adecuados dentro del aula.

Los protocolos se han implantado en miles de centros, durante más de veinte años con buenos resultados. Se funda en cuatro principios que deben aplicarse en la escuela e –idealmente– también en el hogar.

1.Cordialidad, interés positivo e implicación por parte de los adultos.

2.-Límites firmes ante un comportamiento inaceptable.

3.-Una aplicación consistente de sanciones no punitivas y no físicas.

4.-Adultos que actúen con autoridad y como modelos positivos., es decir, dando el ejemplo.

Un modelo que debemos tener en cuenta

En Finlandia, el gobierno ha puesto en práctica con éxito un programa denominado KiVa, diseñado por investigadores de la universidad de Turku. A diferencia de otros programas, KiVa se centra en el grupo, en el que están también los espectadores que, con su pasividad, dan el mensaje de que no está pasando nada grave, con lo que se convierten en colaboradores del agresor. No hay que cambiar la actitud de la víctima para que sea más extrovertida o menos tímida, sino influir en los testigos. Si se consigue que no participen en el acoso, eso hace cambiar la actitud del acosador. El objetivo es concienciar de la importancia de las acciones del grupo y defender y apoyar a la víctima.

Los estudiantes reciben una veintena de clases a los 7, 10 y 13 años. Se facilita que las víctimas puedan denunciar su situación, mediante un buzón virtual. En cada centro hay una comisión formada por tres adultos, que se ponen a trabajar en cuanto detectan un posible caso de violencia.

La evaluación del programa ha demostrado que KiVa ha reducido todos los casos de acoso, que su eficacia se ve ya desde el primer año, y que ha conseguido que el acoso escolar desaparezca en el 79% de las escuelas, y se reduzca en otro 18%.

Una vez más se comprueba que la profesionalidad y el deseo de resolver los problemas pueden hacer prodigios. En cambio, la pasividad, la inercia o el inmovilismo sólo sirven para agravarlos[iii].

Así combate Finlandia el acoso escolar y el ciberbullying en las aulas[iv]

KiVa es un acrónimo sencillo, y casi pegadizo, de dos palabras finlandesas Kiusaamista Vastaan (contra el acoso escolar). Con esta iniciativa, Finlandia está logrando frenar el acoso escolar y el ciberbullying en sus aulas. Implantado ya en el 90% de los colegios de educación básica su éxito ha resultado tan arrollador que contar, o no, con este proyecto ya es un requisito que muchos profesores y alumnos tienen en cuenta a la hora de elegir y valorar un centro educativo donde trabajar o estudiar.

KiVa surgió de un serio compromiso entre la comunidad educativa y el gobierno finlandés. Tras una década de no lograr acabar con los casos de acoso escolar y de ciberbullying entre los estudiantes, llegó un momento en que el entonces ministro de Educación, Antti Kalliomäki, se planteó seriamente atajar el problema y habló con un grupo de investigadores de la Universidad de Turku que llevaba 25 años estudiando las relaciones entre los niños. Un año después, en 2007, arrancó el programa KiVa, financiado por el propio Gobierno, y diseñado por este equipo.

Casos de acoso que desaparecieron (Método KiVa)

«El proyecto se fue poniendo en marcha aleatoriamente en los colegios finlandeses», cuenta Christina Salmivalli, profesora de Psicología en Turku y una de las creadoras de KiVa.

La universidad realizó, unos años después, un estudio para evaluar cómo se iba desarrollando el programa. Los resultados fueron espectaculares. «Fue el mayor estudio realizado en Finlandia. Participaron 234 centros de todo el país y 30.000 estudiantes de entre 7 y 15 años. KiVa había logrado reducir todos los tipos de acoso en los colegios. Los casos de acoso escolar desaparecieron en el 79% de las escuelas y se redujeron en el 18%», explica la profesora.

Al disminuir el acoso, también aumenta el bienestar y la motivación

Sólo con un año de implantación los investigadores comprobaron que en algunos cursos el número de niños acosados bajó incluso un 40%. Pero además se llevaron una grata sorpresa al constatar que «KiVa también aumenta el bienestar escolar y la motivación por estudiar, al mismo tiempo que disminuye la angustia y la depresión», dice Salmivalli.

A diferencia de otros modelos que se centran exclusivamente en la víctima y el acosador, «KiVa intenta cambiar las normas que rigen el grupo —indica la profesora—. Dentro del grupo están los otros, esas personas que no acosan, que observan, que son testigos y que se ríen. A través de esa comunicación no verbal transmiten el mensaje de que lo que pasa es divertido o está bien, aunque tengan una opinión diferente. No hay que cambiar la actitud de la víctima, para que sea más extrovertida o menos tímida, sino influir en los testigos. Si se consigue que no participen en el acoso, eso hace cambiar la actitud del acosador. “El objetivo es concienciar de lo importante de las acciones del grupo y empatizar, defender y apoyar a la víctima».

El contenido: Los estudiantes reciben una veintena de clases a los 7, 10 y 13 años para reconocer las distintas formas de acoso y mejorar la convivencia. Hay diez lecciones y trabajos que se realizan durante todo el curso académico sobre el respeto a los demás, la empatía… Cuentan con material de apoyo: manuales para el profesor, videojuegos, un entorno virtual, reuniones y charlas con los padres… «Detectamos que muchos niños víctimas no contaban su caso. Así que añadimos un buzón virtual. De esta forma, pueden denunciar si son víctimas o testigos y nadie lo sabe», cuenta Christina Salmivalli. Para hacerse una idea, KiVa establece que los vigilantes del recreo usen chalecos reflectantes para aumentar su visibilidad y para recordar a los alumnos que su tarea es ser responsables de la seguridad de todos.

En cada colegio hay un equipo KiVa, formado por tres adultos que se ponen a trabajar en cuanto tienen conocimiento de un caso de acoso escolar o ciberbullying en el centro. «Primero actúan como filtro, para reconocer si es un acoso sistemático o algo puntual. Después se reúnen con la víctima para dale apoyo, ayudarla y tranquilizarla. También hablan con los acosadores para que sean conscientes de sus acciones y las cambien», indica.

La profesora Salmivalli está dando a conocer el programa en otros países y buscando socios-colaboradores para extenderlo. El proyecto ya ha merecido reconocimientos internacionales y se ha exportado a Reino Unido, Francia, Bélgica, Italia, Suecia, Estados Unidos… ofreciendo también resultados muy esperanzadores. Se ha comprobado que el acoso escolar ha disminuido entre un 30 y 50% en esos países durante el primer año de implantar KiVa. En España, algunos colegios y organizaciones ya se han interesado por esta iniciativa. «Nosotros no podemos atender individualmente a las escuelas de todo el mundo que nos escriben. Necesitamos —concluye la profesora— que en cada país exista una organización encargada de extender el proyecto, con socios locales que aporten una inversión para la traducción del programa, para pagar la licencia del desarrollo de KiVa y el sueldo de una coordinadora internacional».

[i] https://www.elespanol.com/enfoques/20151108/77742230_0.html

[ii] Artículo inspirado en: http://www.pedagogiablanca.net/quien-ensena-a-acosar-a-los-ninos/

[iii] https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/educacion/2015-06-02/acoso-escolar_865955/

[iv] http://www.abc.es/familia-educacion/20150527/abci-programa-finlandia-acoso-201505261029.html