El jugar ¿Qué consideramos jugar?

 

Niños jugando

Jugar es el proceso primario, es la acción significante que da un registro distinto al de la palabra organizada y es parte de la organización del Yo. El jugar permite otro tipo de lenguaje que, como la palabra, tiene una función psíquica y facilita a los coordinadores correrse del lugar del Superyó, -es decir- adquiere una función desculpabilizante, o bien, reacciona como un Superyó más permisivo (pues lo normativo no puede dejar de existir) para que el niño pueda jugar su deseo de ser él mismo, y luego ese deseo se ordene a la Ley, que no tiene por qué ser la nuestra. O como dirían A. Lapierre y B. Aucouturier(1977): “… El deseo de ser reconocido como sujeto”.

El jugar, permite darle un lugar a aquellas cosas que son del inconsciente y que no pueden ser admitidas por la organización yoica psíquica, pues no tiene un espacio para asimilarlas, como sí lo tiene el Yo Corporal, que acciona a la manera de un Objeto Precursor del Yo Psíquico.

“En la relación del Yo Psíquico con el cuerpo podemos descubrir cuatro aspectos:

  1. Los procesos fisiológicos que sustentan las actividades del Yo;
  2. Aquel aparato somático que gradualmente queda bajo control del Yo y que a su vez influye en la duración, intensidad y dirección del desarrollo;
  3. Aunque no necesariamente independiente de los otros dos, esas estructuras especiales sustentan lo que denominamos Yo Corporal, y
  4. El Yo Corporal da lugar a la formación del Yo Psíquico y luego ambos interactúan a través de toda la vida del sujeto”.

Freud insistió muchas veces -nos dicen J. Laplanche y J. Pontalis (1971)- en “la importancia que tiene el desarrollo del Yo Corporal en la formación del Yo Psíquico, e hizo especial mención al hecho de que los órganos que establecen contacto con el mundo exterior llegan gradualmente bajo el control del Yo Psíquico y forman parte de él”.

Ahora bien, este Yo corporal implica un lenguaje de comunicación que denomi- namos analógico, es fundante del Yo Psíquico y se despliega en todos sus matices en las vinculaciones lúdicas con abordaje psicotáctil.

“En el lenguaje corporal se enlazan dos aspectos que son complementarios de la función neuromuscular como el tono y el movimiento”, afirman Vayer y Destrooper (1979). Actualmente a la interrelación entre el tono muscular, el tono visceral, el movimiento y la inclusión de los aspectos emocionales que los acompaña, lo denominamos “Tonus” y lo consideramos el lenguaje inconsciente del cuerpo.

Las experiencias que pone en juego el sujeto se realizan a-través-de y en-su cuerpo, en relación con el Mundo Interno y el Mundo Externo. Es interesante traer aquí el ejemplo de Jorge Thénon (1974) -página 55- en su libro Psicología Dialéctica, en donde cuenta lo siguiente: “…un muchacho va caminando por la calle y percibe un olor que le recuerda una comida que hace su madre; inmediatamente recuerda su sabor, el calor que baja hacia su estómago, la escena de un momento determinado lleno de formas y colores…”. Es decir, se muestra a través de nuestra percepción de algo en particular, en este caso una percepción olfativa, despierta otras sensaciones y de ahí, la representación mental de una escena familiar y de interrelaciones familiares en una escena determinada de su historia personal. El Yo Corporal percibe y el Yo Psíquico escenifica situaciones y relaciones en una imagen mental.

Así el jugar, es el hilo conductor del cual tomarnos para no perdernos en la compleja problemática de la constitución subjetiva del sujeto. Se parte del hecho de que no hay actividad significativa en el desarrollo de la simbolización que no se encuentre en la acción lúdica. No hay nada tan significativo en la estructuración de un pequeño que no pase por el jugar, de modo que éste es el mejor hilo que tenemos los analistas que trabajamos con niños. Un jugar que, como dicen A. Lapierre y B. Acourturier (1980) es: “espontáneo, auténtico y serio del niño que vive profundamente sus fantasmas”. Y agregaría, creándolos y recreándolos en la acción lúdica que despliega. Por otro lado, el jugar, tal como lo interpretamos nosotros, permite a los niños manifestar su “Deseo de Ser” y contrastarlo con el “Deseo de lo que Debe Ser” de los padres y lo conduce a su autonomía

La evolución de la relación que el niño mantiene con el adulto y consigo mismo, debe ser satisfactoria, en la mayoría de las situaciones, para que esté en condiciones de actuar en el seno de la realidad del mundo que le rodea, de una manera intencional. En los distintos momentos de la estructuración subjetiva observamos transformaciones, variantes, en la función de jugar.

Veamos lo que nos dice D. Winnicott (1995) al señalar: “Hago hincapié en la palabra jugar y no juego. Cuando se habla de jugar hacemos referencia al carácter de la práctica significante que tiene esa función […] El jugar tiene un lugar y un tiempo. No se encuentra adentro según acepción alguna de esta palabra (y por desgracia es cierto que el vocablo adentro tiene muchas y muy variadas utilizaciones en el estudio analítico). Tampoco está afuera, es decir, no forma parte del mundo repudiado, el no yo, lo que el individuo ha decidido reconocer (con gran dificultad, y aun con dolor) como verdaderamente exterior, fuera del alcance del dominio mágico. Para dominar lo que está afuera es preciso hacer cosas, no sólo pensar o desear, y hacer cosas lleva tiempo. Jugar es hacer”..

Hasta la próxima.