En búsqueda del mensaje analógico detrás de esas conductas temidas.

Más allá de las palabras

padres con problemas

Su hijo ha hecho una señal y usted lo sabe porque lo ha sentido y observado. Algo vago, indefinido, impredecible está sucediendo en el comportamiento de su hijo y esto le preocupa. Su hijo tiene un problema personal, pero ¿cuál? ¿Qué está tratando de decirle? ¿Cómo puede ayudarle? ¿Cuál es el mensaje oculto detrás de lo que su hijo dice o hace?

Ahora usted está empeñado en la búsqueda del mensaje oculto detrás de la acción exteriorizada; es una búsqueda que puede resultar fácil o tal vez requiera de toda su inteligencia, paciencia e ingenio. Debe usted reconstruir el mundo de su hijo, considerar sus acciones y tratar de descubrir cuál es la razón de que actúe de esa manera. Usted trata de encontrar el mensaje de la manera en que su hijo lo piensa y lo siente. ¿Cómo puede iniciar su labor detectivesca para encontrar él o los mensajes ocultos tras la señal del niño? Comience por hacerse usted mismo unas preguntas básicas acerca de la conducta que le preocupa:

– ¿Cuándo ocurre? Compruebe si la misma se repite. ¿Ocurre en un momento determinado del día? ¿Todos los días? En su observación del momento de la conducta-señal trate de comprobar si ocurre después de algún hecho en particular. ¿Es posible que alguna persona pueda provocarla? ¿Es usted el detonante?

– ¿En qué marco ocurre? ¿Ha notado usted si la señal ocurre tanto dentro como fuera de la casa? Las mismas se presentan muchas veces en la escuela y no en el hogar, y, a menudo, envían un mensaje a sus iguales más que a los padres. Cuando su hijo emite la señal ¿hay personas cerca o está solo? ¿Hay aspectos poco usuales en el entorno de su hijo (disputas familiares, rivalidad entre hermanos, etc.) que están presentes en el momento en que el niño envía la acción que le preocupa? ¿Cuál es el escenario en que se presenta?

– ¿Quién es generalmente, el más afectado por esta conducta? ¿A quién está realmente dirigido el mensaje? En la búsqueda de la persona a quien está dirigido el mensaje, los padres pueden encontrar una pista acerca del mismo y saber que el mensaje puede no ser para ellos.

– ¡Importante! ¿Tiene mi hijo el vocabulario suficiente para dirigirme un mensaje directo a través de la palabra? Y si lo tiene, ¿por qué vuelve a manifestarse analógicamente? ¿Responde usted a la señal de su hijo con ansiedad, miedo, reprimendas, preocupación, atención, conversación? La señal analógica tiene el propósito de motivar una o más de estas reacciones. El análisis sincero de sus respuestas a los mensajes de su hijo puede ayudarle a encontrar esa pista importante, aceptando las reglas de juego del niño: ésta es la respuesta, ¿cuál es la pregunta? ¿Por qué mi hijo quiere esa reacción? ¿Qué falta en su vida que desea atención, castigo o ansiedad de mi parte? ¿Cuándo él repite la señal, siempre provoca en usted la misma respuesta? Si es así, usted ha encontrado algo. ¿Reacciona exageradamente cada vez que él está enfermo? En ese caso, las dolencias físicas serán el mejor síntoma para llamar la atención sobre el problema oculto.

– ¿Es la relación con mi hijo lo bastante abierta y fácil para permitirle enviar un mensaje directo sin la intervención de la señal? Si su hijo o alumno tiene problemas de comunicación con usted, él puede tener que recurrir al mensaje analógico. Pregúntese si su hijo está con usted el tiempo suficiente para comunicarse o si su relación con él le permite la libertad necesaria para hablar abiertamente con usted.

– ¿Cuánto me hiere ese tipo de conducta? Una característica de este tipo de conducta es que, por lo general, “pega” en un punto vulnerable. Tal vez el niño se burla de la iglesia en una familia religiosa. Al tratar de encontrar el mensaje, debe usted preguntarse ¿qué hay en la conducta que me enfada, perturba o hiere? En otras palabras, ¿cuál es la reacción que mi hijo intenta provocar y por qué? Si la señal no motiva ninguna reacción en usted, es posible que esté dirigida a otra persona.

Una vez que haya obtenido estas pistas, trate de montar el rompecabezas para descubrir el mensaje real de su hijo. Haga un intento de diagnóstico; escriba sus ideas sobre el mensaje y cuál podría ser la respuesta al problema. Piense bajo la óptica de lo que el niño realmente quiere decir, a través de lo que dice o hace, y cómo puede usted ayudarle. Intente elaborar un plan de acción en el lenguaje del niño. Una vez hecho esto estará en condiciones de hablar con él sobre el problema con palabras que ambos comprendan.

Sin embargo, el proceso de ayuda a su hijo no se detiene al encontrar el mensaje. Hay otra pregunta vital: ¿es el mensaje que usted ha descubierto el único mensaje contenido en la señal? Tal vez no. A menudo este tipo de conducta llevan más de un mensaje.

Es como cuando nos referimos a las comunicaciones pre verbales, que teníamos que hacer para descifrar el llanto del bebé, es decir, decodificarlo: llora porque tiene hambre, llora porque se siente mojado y sucio, llora porque tiene frío, etc.

Veamos un ejemplo: Carlos trata de dar una señal enviada para cubrir un mensaje que, según él, sus padres no estaban en condiciones de recibir. La historia demuestra que estaba en un error.

De los seis niños de la familia, Carlos era el más “responsable”, un hecho del cual sus padres estaban muy orgullosos. Era el mayor y había sido capaz de cuidar de sus hermanos menores desde que tenía siete años. Se le había confiado la responsabilidad de llevar a su abuela que no podía ver bien a casa de sus hermanas e hijas que vivían en otros lugares alejados de la ciudad, ir a comprarle el pan a la abuela casi todos los días y tenía que ir solo. Tenía poco tiempo para jugar con sus amigos pues tenía que realizar tareas para los otros. Tenía una pequeña asignación, no siempre, que a menudo no cubría sus necesidades personales. Sin embargo, ahorraba todo el dinero que ganaba trabajando durante sus vacaciones de verano en una imprenta, en una sodería. Hasta los vecinos y demás adultos de la familia le consideraban como el más “responsable” de todos sus hermanos y primos. Carlos sólo tenía once años, pero era un niño “modelo” y “muy bueno”.

Una noche cuando la madre de Carlos pasaba con su vehículo por la esquina donde su hijo trabajaba, le vio salir de una tienda de revistas con varias de ellas. Cuando le preguntó sobre las mismas, él contestó que una tía le había dado una propina por hacer unos “mandados” y que había usado el dinero para comprarlas.

Dos semanas después, la madre encontró una nueva revista de historietas sobre la mesa del comedor. Esta vez la respuesta fue: “He encontrado el dinero en la calle”. Cuando una cuarta revista apareció en el cuarto de Carlos, su madre calló. Pero, instintivamente, sabía que algo andaba muy mal. Percibía una señal que no podía –no quería- comprender.

Fue hasta la cocina y contó el cambio suelto que guardaba en una vieja caja, en una alacena. Esperó hasta que otra flamante revista apareciera sobre la mesa o dormitorio de Carlos, antes sabía cuánto dinero tenia y al volver a contar: ¡faltaban treinta pesos!

Esa noche, cuando se enfrentó a Carlos, preguntó repetidas veces: “¿Por qué?” Él no pudo contestarle. No podía explicar por qué había tomado el dinero. Sólo pudo decirle que “deseaba ser como los otros niños”. Carlos quería poder hablar de las series de las revistas con sus amigos. Pero su confesión no explicaba por qué había hurtado el dinero para comprarlas. Todavía tenía todo el dinero ahorrado en el cajón de la cómoda.

La madre de Carlos finalmente habló del incidente con su mejor amiga y se sorprendió de las palabras de ésta: “¿No esperabas demasiado de Carlos? Desde luego no puedes permitir que robe y mienta. Pero ¿le permites ser un niño de doce años o esperas que sea tan responsable como tú?”

Carlos, a través de su señal, estaba diciéndoles “¡Alto!” a sus padres. “Dejen de empujarme a una adultez prematura. Permítanme ser normal. Permítanme ser como mis amigos. No me conviertan en el hijo modelo. Déjenme cometer una equivocación por una vez en la vida. ¡Permítanme ser un niño de once años!”. La señal de Carlos, como la de muchos otros niños, tenía el propósito de ser descubierta. Probablemente deseaba que le descubriesen robando porque no podía expresarse libremente. No había ocultado las revistas. Había tomado el dinero suelto y sabía que su madre contaba regularmente el dinero. Sus excusas habían sido transparentes. Carlos estaba señalando. Estaba tratando de hacer claro un mensaje que él sentía que sus padres no querían escuchar: que él era un niño y no un adulto.

¿Qué hubiera hecho usted en el caso de los padres de Carlos? ¿Castigarle por robar? Sí, con suspensión de privilegios y reposición del dinero. Pero los padres de Carlos también interpretaron el mensaje oculto tras una señal. Sabían que Carlos necesitaba algo más que un castigo inmediato. Ayudaron a Carlos para que aumentaran sus ingresos y pudiera comprar más revistas. Sus padres le ofrecieron otras oportunidades de trabajo en la casa y el jardín para que consiguiera más dinero. Se le alentó a que tuviera más tiempo libre para estar con sus amigos, y se le permitió que encontrara a otro cadete suplente en los días que tenía alguna fiesta. Se le relevó del cuidado de sus hermanos menores y de ser el único que acompañara a su abuela de visitas. Los padres de Carlos estaban empezando a tratarle como a un púber normal de doce años. Él había señalado con éxito su mensaje. Sus padres lo habían percibido e interpretado correctamente.

Esta historia ilustra la importancia de las señales en el proceso de comunicación analógica y verbal entre padres e hijos. Ofrece un ejemplo del buen ejercicio de la paternidad y, al mismo tiempo, formula un aviso a los otros padres para que se mantengan alertas y receptivos. Ayudar a los niños a madurar requiere conocerlos como personas y aprender sobre su mundo acorde a su edad. Esto sólo puede hacerse asumiendo que no toda la comunicación es verbal, que algunas comunicaciones serán transmitidas por medio de acciones algunas veces sorprendentes, perturbadoras, simbólicas y dolorosas.

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