Comunicación: lenguaje analógico y verbal.

Comportamiento inmaduro

 

familia con dificultades

Si usted como padre ve que su hijo está enviando señales de inmadurez, hay dos preguntas que debe contestar: ¿Es realmente mi hijo inmaduro o es que no hace lo que yo espero de él? ¿Por qué? ¿Cómo puede usted determinar si su hijo es inmaduro? Compárele con sus compañeros de juegos que tienen la misma edad; obsérvele cuando juega en grupo, durante los recreos en la escuela o en el vecindario. ¿Es su hijo marcadamente distinto, o parece actuar de la misma manera que los otros niños de su edad?

Al hacer la comparación, tenga en cuenta que casi no hay relación entre la inteligencia del niño y su nivel de madurez. Si su hijo es inmaduro no quiere decir necesariamente que sea intelectualmente lento; puede ser socialmente torpe, incordiando físicamente, o emocionalmente infantil, pero al mismo tiempo muy inteligente. Le hará un “favor” a su hijo si disminuye sus esperanzas de lo que él puede hacer, basándose en su comportamiento inmaduro. Recuerde también que los niños maduran en diferentes escalas. Usted no puede considerar a su hijo como inmaduro si lo mide o compara sólo una vez. Debe hacer repetidas comparaciones; entonces, si hay alguna duda, consulte a un experto en desarrollo infantil. Concédale a su hijo el beneficio de las habituales, naturales y normales diferencias en las etapas de desarrollo. Únicamente cuando usted esté plenamente seguro de que su hijo está por debajo de sus iguales, de forma crónica, podrá adoptar una acción decisiva.

Una vez que haya verificado la señal de que su hijo es inmaduro, pregúntese ¿Por qué? ¿Qué mensajes le está enviando su hijo inmaduro? ¿Hay algo en el entorno de su hijo, o en su crianza, que puede haber motivado que madure más lentamente que los otros niños?

Otra señal de inmadurez lleva un mensaje en un solo sentido, que proviene de uno de los padres o de ambos. No es un mensaje de dependencia; en realidad es una sutil señal del padre al hijo indicando que el padre puede manejarse mejor con un hijo pequeño. Cualesquiera que sean las razones ocultas, el mensaje recibido por el niño es: “la vida es más fácil para mí si tú permaneces joven e inmaduro”. Cuando se da este mensaje, significa que los padres no se han enfrentado a lo inevitable; los niños deben crecer y, llegado el momento, marcharse. Si un niño sigue el camino de inmadurez, los padres deben preguntarse si uno de ellos o ambos está fomentando ese estado. “¿Qué gana el padre con la inmadurez del hijo? ¿Cuáles son sus beneficios secundarios?”.

Un hecho tan paradójico, como irónico, sobre la inmadurez infantil es que también puede ser alentada por una situación en la que el padre está tratando desesperadamente de acelerar la madurez del hijo. Ésta es la situación en la que el niño utiliza un síntoma de inmadurez para enviar un mensaje al padre demasiado celoso.

Algunas veces, el mensaje detrás de la inmadurez es que el niño no ha tenido oportunidades ni experiencias en las que madurar. Un niño con una enfermedad crónica, que ha tenido que estar en cama o en el hospital durante largos períodos, puede desarrollar esta señal. El niño que no tiene compañeros de su misma edad es susceptible de hacer lo mismo. Estos niños pueden estar privados de las experiencias y los roles que les sirven de modelos necesarios para su progreso normal hacia un comportamiento maduro acorde a su edad.

A su vez, a menudo los padres se alarman ante la inmadurez que aparece repentinamente después de que el niño haya demostrado un nivel normal en su comportamiento maduro. Esto se denomina “regresión” y puede ser definido como un comportamiento inmaduro, que reaparece después de que el niño lo ha superado. Un pequeño grado de inmadurez regresiva se puede esperar de cualquier niño y puede ser considerado como relativamente normal. Casi todos los padres de un recién nacido saben que el hijo mayor demostrará algún signo de inmadurez cuando se lleva al nuevo hermano al hogar (volver a mojar las sábanas, tener berrinches…). El niño siente la necesidad de señalar que él todavía necesita de la atención que recibía antes de que llegara el nuevo niño. Los padres deben ayudar al niño, encargándole tareas que le indiquen que se le tiene en cuenta y se le aprecia. Actuar de una manera positiva para recompensar el comportamiento maduro del niño es la clave para silenciar la señal. La inmadurez de tipo regresivo se convierte en un problema más serio para los padres, cuando es la señal de un niño que escapa de una situación a la que no puede hacer frente (fallecimiento de un familiar, entorno muy hostil, etc.). El niño puede estar señalando que regresa a un período de su vida más tranquila y seguro, en el que no tenía que enfrentarse con esas situaciones amenazantes o que necesita de la ayuda de sus padres.

Magdalena sabía que era mucho más lenta que sus amigas en madurar física- mente. A los trece años, apenas si podía percibir el brote de sus senos. Porque había tardado más en alcanzar el típico estirón adolescente. Magdalena también era más pequeña y tenía todavía una apariencia de muchachito. Sus padres observaron que el teléfono sonaba mucho menos que durante los años anteriores en los que Magdalena estaba hablando constantemente con las otras niñas. Ahora sólo recibía una llamada de vez en cuando, o hacía una ella. Un día, la hermana de once años de Magdalena entró como una tromba en la casa y se enfrentó a su madre en la cocina: “Mamá. Tendrás que hablar con Magdalena. Se entromete en todos nuestros juegos”. La progenitora la miró extrañada y dijo: “No te comprendo”. Su hija menor tenía las manos apoyadas en las caderas, las piernas separadas y le gritó: “¡No me deja estar con mis amigos! Últimamente sólo quiere jugar con nosotros. No es justo mamá. Es mayor y siempre gana. Además, no quiero que esté con nosotros. Son mis amigos”. Los padres hablaron del problema después de la cena. No se habían dado cuenta de la inmadurez regresiva de su hija mayor. Repentinamente, los meses pasados se hicieron claros: la falta de llamadas telefónicas, los fines de semana sin chicas amigas durmiendo en la casa, las negativas de Magdalena a participar en las actividades después del colegio. “Sabes –comentó el padre a la madre- ahora que lo pienso, creo que Magdalena parece a veces tan nena como Beatriz.”

La mamá se reunió con Magdalena al día siguiente y le dijo, con mucho tacto: “Hace tiempo que no veo a ninguna de tus amigas por aquí”. Magdalena miró al suelo sonrojándose. “¿Ocurre algo?”, preguntó su madre suavemente. Magdalena asintió girando el rostro. “¿Me lo quieres contar?”

Magdalena levantó la mirada, con la tristeza pintada en la cara. “No quieren estar conmigo”, respondió. “¿Por qué?”, preguntó la madre. “Porque parezco una niña. Ya sabes…” La voz de Magdalena se fue apagando, mientras su mano tocaba suave- mente sus pequeños pechos. “¿Te lo han dicho ellas?” interrogó su madre. Magdalena se encogió de hombros y respondió con un suspiro: “No”. “¿Entonces como lo sabes?”, insistió su mamá. “Bueno –murmuró la joven-. Noto que me miran en las clases de gimnasia. Siempre están hablando de sujetadores y períodos y de cosas de las que no puedo hablar”. Su madre asintió con expresión seria. “Y entonces has imaginado que no quieren estar contigo. Porque tú no puedes hablar de esas cosas”. Magdalena asintió tristemente.

La madre había captado la señal, pero no el mensaje. Este le tuvo que ser indicado por su hija menor. Pero una vez que la señal fue recibida, investigó sabiamente para encontrar el mensaje. Magdalena estaba esperando a que la ayudaran. La joven no podía ser la que llamara la atención sobre su problema, de una manera habitual. Así que había utilizado la señal de comportamiento inmaduro. La progenitora le habló a su hija de sus propios sentimientos, cuando estaba en la primera etapa de su adolescencia. Aseguró a Magdalena que el tiempo curaría el retraso de su madurez sexual. Al interpretar la reacción de Magdalena al lento desarrollo de su cuerpo, madre e hija fueron capaces de descubrir que la mayor parte de la preocupación sobre las amigas era invención propia y que la marginación de sus amigas era más imaginaria que real. Magdalena puso a prueba la reacción de sus amigas y, para su sorpresa, las otras niñas estaban contentas que volviera a estar en contacto con ellas. “Nos habíamos preguntado qué estaba pasando contigo, Magda –le dijo su mejor amiga- Creíamos que te habías vuelto presumida”.

La vida para Magdalena volvió al ritmo caótico normal de los adolescentes y, al cabo de unos pocos meses, tenía las mismas cosas de las que hablar y comparar con sus amigas. Sus padres habían respondido a tiempo a la señal de comportamiento inmaduro. Uno se pregunta qué hubiera ocurrido con la autoestima de la niña y sus amistades, si los progenitores hubieran fracasado en interpretar y actuar sobre la señal, con tacto y rapidez.

¿Es irreal la inmadurez regresiva? Sí, como lo demuestra lo señalado anterior- mente. ¿Inesperada? No. ¿Peligrosa? Sólo si continúa durante períodos largos, o parece apartar tanto al niño de sus padres o amigos, que sus habilidades sociales disminuyen y se aleja de su mundo social. Si un adolescente inmaduro pierde amigos y se retrae en sí mismo inesperadamente y por un período prolongado, los padres deben buscar ayuda profesional. Juntos, deben buscar la situación que ha llevado al niño a la inmadurez. Deben buscar los métodos para ayudar al adolescente a resolver sus problemas más graves. Tanto los padres como los adolescentes, atrapados en una grave situación de súbita inmadurez adolescente, pueden necesitar la ayuda de un consejero o de un psicoterapeuta.

Los padres tienden a considerar la madurez como un continuo progreso a través de la vida de un niño. De hecho, el camino de la madurez dista mucho de ser suave y fácil para cualquier niño. Hay marchas y altos, pasos gigantescos hacia delante y pasos de bebé hacia atrás. A cierta edad, el niño muestra un tipo de acción; más tarde estas acciones se abandonan para buscar un comportamiento más adulto. Ante la sospecha de inmadurez, hay que vigilar y esperar. Si su hijo está detenido, el momento para enfrentarse a la señal es ahora; cada momento que se pierda, tal vez no se podrá recuperar.

Situaciones frecuentes y sus posibles soluciones donde la acción analógica del niño –reiterativa- indica un pedido de auxilio que no puede expresarse en palabras, aunque el niño o el joven pudieran hacerlo, no se nos debe pasar por alto.

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