HIPERACTIVIDAD: VARIEDAD DE SOLUCIONES

Hiperactividad

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La hiperactividad puede ser la pista de una aguda reacción infantil a las tensiones, tanto en el hogar, como en la escuela. La muerte de un pariente cercano, o de una mascota, las tensiones matrimoniales, una rivalidad grave entre hermanos, el fracaso escolar, pueden perturbar la mente de un niño lo suficiente como para que expresen esta perturbación como hiperactividad. Recibir la señal y corregir la causa es el único camino para aliviar el síntoma de hiperactividad.

Muy a menudo, el padre de un niño hiperactivo llevará al chiquillo a un pediatra para buscar una causa médica a la inquietud. Es esencial para los padres y el pediatra asegurarse de que todas las posibilidades que pueden dar origen a la hiperactividad, desde el punto de vista médico, han sido descartadas. Aun cuando la hiperactividad tenga una causa médica, los otros factores emocionales, sociales y educacionales deben ser tenidos en cuenta dado que van unidos a las causas médicas.

El conocimiento de que la hiperactividad puede ser tratable como un problema médico hace que el reconocimiento de la señal sea vital para la salud emocional y educacional del niño. Algunas veces la hiperactividad señala problemas mucho más serios. Pueden estar subyacentes largas enfermedades emocionales, de un grado significativo, y el niño estar inquieto e incontrolable. En este caso, los padres y los profesionales deben buscar con más cuidado, en las áreas emocionales heridas del niño. ¿Cuáles son las señales que pueden llevar al padre a sospechar una enfermedad mental muy asentada? Severos cambios en el comportamiento del niño, retirados e inexplicables y períodos de sobre actuación, incapacidad para relacionarse con otras personas tanto en la familia como en el grupo escolar o barrial, iras irrazonables, comportamiento destructivo y respuestas inapropiadas a las situaciones normales de la vida deben alertar a los padres sobre que la hiperactividad señalizadora y que ésta puede ser la punta de un iceberg.

Otra escasa posibilidad es que la hiperactividad sea la señal de un retraso mental o de daño cerebral. Todos los padres vigilan el desarrollo de sus hijos y pueden habitualmente detectar el lento progreso del niño con seudo retrasado mental (Oligotimia) o un retraso mental por causas neurológicas.

Hiperactividad

La hiperactividad puede ser una de las más exasperantes condiciones infantiles con las que deben enfrentarse los padres. A menudo, el padre oscila, como el niño, entre la frustración y la ira, persiguiendo al niño, disculpándose por sus errores, explicando su conducta a vecinos y maestros. El niño puede crear tal caos a su alrededor, que los padres pueden llegar a preguntarse si realmente lo quieren. Los padres de un niño hiperactivo deben hacer una pausa y meditar lo suficiente para analizar la señal y buscar los muchos mensajes que pueden estar contenidos en el comportamiento frenético. Solo entonces pueden convertirse en defensores inteligentes, sensitivos y objetivos del niño que parece estar quemando su vida, arrastrando a sus padres con él.

A pesar de que la señal puede ser caótica, no se puede realizar la búsqueda de mensaje de la misma manera. Años atrás en una revista muy popular apareció un artículo titulado: “¿Hay un monstruo en su familia?”, refiriéndose a un niño hiperactivo. “¡Qué trágico es dar ese calificativo a cualquier niño!” Los padres deben combatir esa tendencia, no importa lo difícil que sea la situación. Dé al niño hiperactivo una oportunidad. Escuche y vea su señal, y luego interpretarla buscando la ayuda apropiada con un ludo terapeuta. Su hogar no albergará ningún “monstruo”, sino un niño que debe ser comprendido, apreciado y ayudado.

Muchas veces a estos niños se los trata bajo un enfoque terapéutico basado solamente en medicamentos, sin que medien otros abordajes de la problemática subjetiva (psicoafectiva), familiar y social, y esto es iatrogénico. Puede ser indudablemente cómodo, pues en vidas muy incómoda, cuando las familias de los chicos carece de medios y posibilidades de sostener un abordaje que demanda tiempo y dedicación, la administración de psicofármacos y un control periódico acallan síntomas y tranquilizan ánimos. Pero son “pan para hoy y hambre para mañana”.

Claro que, si de “pan para hoy” se trata: “Entre  el 2000 y el 2005 los pagos de las farmacéuticas a los psiquiatras de Minnesota aumentaron más de seis veces, hasta alcanzar los 1,6 millones de dólares. Durante esos mismos años, las prescripciones de antipsicóticos a niños han aumentado nueve veces”[1]

Nuestra obligación ética es favorecer el acceso a formas de elaboración y producción subjetivas al alcance de quienes las necesitan y no asociarnos a un disciplinado acallamiento de síntomas. Los psicofármacos pueden tener un acotado y digno lugar en cualquier abordaje terapéutico de un niño con problemas serios, si de lo que se trata es de favorecer formas de producción subjetiva y no sólo desarrollar mecanismos de adaptación o desarrollo de funciones. No olvidemos que nuestra función es ser creadores de posibilidades subjetivas y de integración, no guardianes del orden y el silencio. Aunque a veces pudieran pagarnos más por ello.

Hasta la próxima.

[1] Harris, B.; Carey, B. y Roberts, J. (2007) “Cómo los laboratorios influyen sobre los psiquiatras infantiles”. New York Times 19/05/2007. Reproducido por La Nación. Ciencia y Salud (misma fecha).