(IN) COMPRENSIÓN EN COMUNICACIÓN

(IN) COMPRENSIÓN DE LAS PROBLEMÁTICAS COMUNICACIONALES

SURGIDAS EN EL SER HUMANO

“La diferencia entre una palabra justa y una casi justa                                                               no es una pequeña cuestión. Es como la diferencia                                                                    entre una luciérnaga y una bombilla eléctrica”.   Mark Twain                                           

padres con problemas

De acuerdo con nuestra experiencia en la asistencia a seminarios sobre “Psicoanálisis de niños y adolescentes” y sobre “Psiquiatría Infanto-Juvenil” (2015) se pudo constatar abordajes que son considerados en gran parte opuestos y no complementarios.  En el primero de los enfoques se centran casi exclusivamente en lo psíquico, haciendo hincapié en la palabra y considerando el lenguaje corporal como “algo importante para tener en cuenta” pero quedando en la superficie de sus observaciones e intervenciones al respecto. Desde el segundo abordaje se considera, casi exclusivamente, lo biológico-conductual haciendo su propuesta de cura en drogas y un enfoque psicológico en la misma línea conceptual (cognitivismo). Muchos profesionales muestran sus posturas ideológicas como si fueran irreconciliables. No podemos dejar de tener en cuenta la influencia y presión que ejercen los laboratorios y otras empresas en pro de la venta de sus productos químicos y materiales “educativos o reeducativos”.

Incluso algunos psicoanalistas, influidos por la aplicación de las normas de la lingüística, han considerado “al juego como una frase no gramatical sino lúdica…” así es que el juego como sintagma desaparece en algunas situaciones que no consideran verdaderamente lúdicas”. Señalan que “en algunas oportunidades” el juego se organiza como “una gramática no lingüística”. Tratan de asimilar el lenguaje analógico, sin comprenderlo acabadamente, como algo similar a la estructura del lenguaje digital-verbal lo que lleva a hacer un análisis no adecuado -a nuestro parecer- del juego infantil.

El lenguaje analógico es precursor del lenguaje verbal y éste último se construye sobre el primero de una manera paulatina y complementaria; no son niveles que se sustituyen uno al otro o que el verbal es excluyente del analógico. Debemos comprender que hay una acabada interrelación que se produce entre ambos niveles de lenguaje si es que deseamos ser más certeros en nuestro accionar clínico y pedagógico.

Si se trata de señalar o interpretar desde una visión adulto-céntrica el juego del niño, en ludo terapia o ludo pedagogía, realmente abrumaremos y confundiremos al niño que, especialmente en edades tempranas, carecen de la capacidad verbal que los adultos poseen. Las formas comunicacionales en sus dos niveles, analógico y digital, tienen estructuras distintas y, además, vemos como la mayoría de los adultos les resulta difícil de interpretar el contenido del lenguaje analógico con sus pares, pues muchos se comunican con dobles mensajes, es decir, no concuerda en determinadas ocasiones, lo que hablan con lo que piensa ni con lo que sienten o lo expresado corporalmente y, por lo general, siempre se expresan en palabras, a pesar de esta disociación. Algunos piensan que están “dialogando” y más aún, creen que ambos comprenden lo que se dicen cada uno de ellos y, si el otro responde de una manera no esperaba, llegan a enojarse porque no se sienten “comprendidos”. Por otra parte, el lenguaje analógico no deja de estar presente en la comunicación y muchas veces contradice lo que se manifiesta a nivel digital (oral) y esto es captado generalmente por los otros.

Afirmar “Haz lo que digo y no lo que yo hago” es un contra mensaje; decir que “voy a hacer esto o aquello” y luego no hacerlo o hacer lo contrario es otro contra mensaje; decir “te escucho” pero estoy pensado al mismo tiempo en otra cosa, es una contradicción consigo mismo, y esto es sentido por el otro como que no se lo escucha, no se lo tiene en cuenta o que está ausente, aunque esté a su lado. Podemos seguir con muchos otros ejemplos. Si estos contra mensajes y ausencias o desinterés por el otro son reiterativos, causa frustración, rabia y angustia, y la frustración, provoca agresión que puede descargarse hacia fuera en forma de violencia física o verbal o, volverse contra sí mismo provocando las denominadas reacciones psicosomáticas: otitis a repetición, taquicardia, etc. De persistir estas sintomatologías producen primero disfunciones orgánicas y a la larga, daños orgánicos, baja de defensas que los expone a enfermedades o se refugian en sus fantasías de tal modo que nos puede hacer perder de los hechos de la cotidianidad y hasta enfermar psicopatológicamente.

Nuestra opinión, resultante de nuestros investigaciones y estudios, es que el problema radica, más allá de que el desarrollo biológico del hombre se produce en un contexto determinado, en este contexto debe tenerse en cuenta el proceso evolutivo de la comunicación, no solamente a nivel verbal (digital) y gráfico, sino también y al mismo tiempo, a nivel de lenguaje corporal o de la acción (analógico). La formación de este último mencionado se produce desde el nivel biológico neuronal del ser humano (lo llamamos lenguaje analógico primitivo) y al lenguaje analógico (o de la acción)  propiamente dicho, implica el lenguaje analógico más palabras, el cual evoluciona en interrelación primero y principalmente con la madre gestante y con los otros adultos significativos que accionan activamente sobre la progenitora y con el bebé; cada uno de ellos lo hacen con la carga afectiva correspondiente y desde sus propias historias de vida. Es importante afirmar aquí que las actitudes y conducta de los adultos (profesionales o no) respecto de la madre influyen indirectamente a través de ella sobre su feto primero y luego del parto sobre su hijo en los años posteriores de su desarrollo bio-psico-afectivo.

Debemos afirmar, asimismo, que la mayoría de los adultos se comunican con dobles mensajes pues no concuerdan su discurso analógico-corporal con sus palabras vertidas y, especialmente, con una lluvia de palabras que no son significantes ni significativas para el pequeño que las escucha y no se corresponden al modo de comprensión senso-perceptivo[1] y concreta del infante. Los adultos debemos hacer un esfuerzo consciente y estar alertas a que lo que decimos concuerda con lo que pensamos y hacemos. De lo contrario, si somos contradictorios en nuestra comunicación con los otros producimos confusión, angustia y también llegar a enfermar.

Hoy día, en muchos hogares, la ausencia de los padres es sustituida por el televisor, la computadora y/o el celular, con la falsa expectativa en los adultos que si está en esa situación “no hay riesgos”. Mientras tanto, muchos padres se ven asombrados que el niño toma una forma de expresarse y de actuar que no es propia de lo que se desarrolla y se inculca en su propio hogar y cultura. En décadas anteriores, cuando apareció primero la televisión y luego la computadora, la queja constante de muchos adultos era el tiempo que pasaban los niños y jóvenes frente a esa nueva tecnología. En nuestra experiencia, en distintas oportunidades, cuando utilizábamos un televisor o una computadora en la consulta clínica, se prestaba interés a lo que hacía el niño en esta situación. Entonces se intervenía comentando sobre el programa o escena observada y preguntando qué pensaba el niño sobre ello. En principio había distorsiones en cómo interpretaba el menor las distintas escenas, pero poco a poco comenzaban a aflorar en nuestro diálogo aquellas cosas que dificultaban el accionar del niño y lo frustraban. Es decir, había un adulto predispuesto a escucharlo, a contenerlo. Se entendía entonces que los programas constituían, realmente, la sustitución de la presencia y la acción del adulto en ese espacio y tiempo determinado. Con el celular hoy día pasa algo parecido, con el agregado de creer que es una comunicación y no un intercambio de palabras o frases, pues no llegamos a ver las reacciones del otro ante lo que le decimos.

¿Cuántas veces sentimos que las respuestas no concuerdan, por su tono de voz, con lo que manifiesta? “Si, usted me dijo que…” y la respuesta puede ser “Pero lo dije en broma” o “Me distrajo tal cosa y no entendía bien lo que me decías” y otras cosas por el estilo. ¿Y las redes sociales?, utilizadas por personas que aparentan ser alguien que en la realidad no son tales como por ejemplo los seductores de niños y adolescentes que en su inocencia acuden a citas y luego son secuestrados y sometidos a situaciones de maltrato, violaciones o caer en las redes de los traficantes de personas.

Por otra parte, el uso del celular en edades tempranas puede conducir a una adicción a los videojuegos como un trastorno mental, la OMS tiene previsto reconocer como enfermedad en 2018 lo que afecta considerablemente todas las áreas importantes de vida.

La metodología tratada en este texto cambia radicalmente el ángulo de visión: consiste en adoptar la auténtica perspectiva del ser en devenir que constituye lo humano en todas las etapas de su vida, liberada del prisma centro parental y de la óptica deformante de los manuales y tratados mal llamados “pedagógicos” o “científicos”.

[1] Tengamos en cuenta que, en el niño pequeño, primero siente (senso), en el sentido dado por el vocablo “sensación” que implica una experiencia provocada desde fuera del sistema nervioso y que ya no es analizable por introspección, es decir, un elemento de la conciencia. En sentido fisiológico, es el proceso nervioso aferente que se inicia en un receptor y se extiende al cerebro. En el bebé es un proceso sensorial consciente correlacionado con un proceso fisiológico. Luego percibe y entonces hablamos de percepción, es decir, el niño realiza un acto de darse cuenta de los objetos externos, sus cualidades o relaciones, que se siguen directamente a los procesos sensoriales, a diferencia de la memoria o de otros procesos centrales. La percepción es un complejo o integración psíquica que tiene como núcleo las experiencias sensoriales. Es un acto de darse cuenta de datos presentes, ya sean externos, ya intraorgánicos. Ver WARREN, Howard C. editor. (1984) Diccionario de Psicología. México. F.C.E., págs. 262 y 325.