AUTISMO (1)

AUTISMO

“Nacemos con un deseo de crecer puro y, si el   medio, no interfiere demasiado, ese deseo nos lleva hacia adelante”

Winnicott [i]

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Consideramos autista a un niño que presenta como síntoma nuclear la alteración de las capacidades intersubjetivas y de comprensión de las situaciones sociales, no adquiere lenguaje o lo hace lenta y extrañamente. Que no empatiza ni mira, que repite ecolálicamente y/o con una prosodia particular- mente monótona, que no responde a su nombre, que se torna agresivo mordiendo, que se arranca las ropas, que se auto estimula de manera suave o a veces violenta, que se apega obsesivamente a temas u objetos y pretende ritualizar esquemáticamente sus actos y movimientos y aun los de los otros, que a veces parece aterrado o con pesadillas. No es un niño solamente alterado en su desarrollo, sino que en él ciertas matrices de la subjetividad no se constituyeron, se han distorsionado o deteriorado. Sin que esto implique un registro reflexivo, un acuse de recibo, conflicto o angustia. En lugar de síntomas, hay funciones inexistentes o trastornadas, entonces no hay habla, discriminación, autonomía, juego ni escritura.

El rasgo central de esta devastación es la ausencia llana de una representación de sí o de una representación de sí como viviente. Por ende, hay dificultades severas en sus posibilidades de establecer lazo social con otros y de crear alguna forma de interioridad para consigo mismo. No hay entonces primera persona, ni yo ni me o mí. Podría decirse que ese cuerpo no está habitado por alguien. En ese páramo no suele haber nadie. Esa severa afectación de los modos de representación de sí (y de los otros) donde no aparece imagen especular y corporal, se combina con una desvitalización y un modo mecánico, automatizado de contacto. El rasgo exterior más característico del autismo es el repliegue, pero se combina a veces con situaciones de excitación inquietud y actividad. Estos rasgos son lo que ponen el sello para la inclusión en esa clase de niños replegados, muy poco expresivos y con manierismos o bizarrerías que suelen estigmatizarlos socialmente.

Cuando de niños autistas se trata, encontramos una dificultad extrema para comprender y sentirse comprendidos y responder a códigos sociales compartidos; en ellos el lenguaje no ha echado raíces, no ha tomado cuerpo y sólo existe como ecolalia diferida con respecto a la cual se trata de generar una implicación subjetiva.

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Tratamiento: La clave del autismo no está en el diagnóstico. El desafío está en trabajar en el intento de rescate de dimensiones de logro y simbolización desde las cuales apostar a reformular lo que se presenta como un páramo ante quien se vive, muchas veces, como un robot o un espectro. El desafío está en trabajar con el intento de rescatarse de dimensiones de logro y simbolización desde las cuales apostar a reformular lo que se presenta como un desierto. Como hemos dicho, más allá del develamiento de lo inconsciente hay una tarea de producción (neogenética en términos de Silvia Bleichmar [ii]) por adelante. En lugar de síntomas hay funciones insistentes o trastornadas. Entonces no hay habla, discriminación, autonomía, escritura, etc. No hay una representación de sí, o bien no la hay diferenciada del Otro., madre en general. Por ende, hay un daño severo en la posibilidad de establecer el lazo social.

Se trata, de rescatar, por una parte, dimensiones de logro y simbolización aun en niños muy dañados. Y dese allí apostar a reformular el páramo. Claro que esa reforestación requerirá fertilizar y también plantar. Procedimiento que requiere de la intervención de prácticas de subjetivación. Pedro, un jovencito que se resistía a lo que su maestra intentaba explicarle con mucha insistencia, se levantó, exasperado, de su asiento y escribió en el pizarrón: acoso textual.

De lo que se trata es rescatar lo que se puede de ese niño que ha sido, sino que pueda producir para sí una infancia que no fue. Aunque parezca imposible. Para ello se hace necesaria la construcción de mediaciones lúdicas, a través de intervenciones que muchas veces son intervenciones, versiones intercaladas entre la insistencia pulsional y la construcción de un lazo social posible.

Todo dispositivo en salud mental prescribe modos de lazo social. En este caso lo prescripto es la integración. En otras épocas lo fue una marginalidad que se pensaba creativa y liberadora. La infancia es una construcción sociocultural que se fundó en soportes familiares jurídicos y escolares que tambalean desacompasadamente.

La reeducación y el adiestramiento conductista “pueden producir plasticidad sináptica (es decir nuevos circuitos neuronales que se abran), pero sin plasticidad simbólica. Es más, los enfoques adiestradores, por sofisticados que sean, favorecen una afirmación de la literalidad de la que ya está presa la subjetividad de estos niños.

“Los procesos genéticos y de desarrollo determinan conexiones entre las neuronas, es decir, qué neuronas establecen conexiones sinápticas con cuales otras y cuando lo hacen. Pero no determinan la tenacidad de esas conexiones. La tenacidad -eficacia a largo plazo se las conexiones sinápticas están reguladas por la experiencia” [iii]. A esto nos referimos al platear las interversiones sobre personajes que permiten al niño autista escuchar lo que, si no, si se refiriera directamente a él, le sería intolerable.

Lo referido está solo en el orden de las palabras o también en el orden del lenguaje analógico (o de la acción) fundante del origen de la comunicación analógica-digital para restituir la fertilidad de los lazos, la constitución de un lenguaje interno que luego, cuando el contexto lúdico lo facilite, aparezca el lenguaje verbal [iv]

Completaremos en la próxima.

[i] Winnicott, D. W. (1996) Los procesos de maduración y el ambiente facilitador.

[ii] Bleichmar, S. (2000) Clínica psicoanalítica y neogénesis.

[iii] Kendel, E. (2008) El nacimiento de una nueva ciencia de la mente.

[iv] Wanderley, S. (2017) El Análisis de la Relación Corporal y la Educación Afectiva.