AUTISMO (2)

AUTISMO

“En el ser humano todo es comunicación. De un diálogo analógico primigenio con nosotros mismos, desde un punto de vista biológico, en interacción con un diálogo analógico y verbal con los otros, se va desarrollando el psiquismo en el transcurso y a través de sus distintas etapas: la fetal, la oral, la anal, la fálica y la puberal”

Salvador Wanderley[1]

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¿Podremos introducirnos en el laberinto de esa infancia que no está pudiendo ser para construir una experiencia transferencial y a partir de ese lazo armar un diagnóstico de la posición de este niño en relación con el cuerpo del otro, los objetos, los juguetes? Un diagnóstico como posición, como posibilidad de pensar la lógica de un sufrimiento y no como un ejercicio de taxonomía clasificatoria.

También como minúscula parte de una batalla cultura frente a las concepciones de lo humano que impregna el neo-tecno-liberalismo centrado en reparar rápidamente (y sin preguntar demasiado) aquellas funciones alteradas por genes aparentemente descarrilado de sus códigos o neurotransmisores desorbitados.

La experiencia de juego puede ser una experiencia compartida de satisfacción que se abre en el encuentro con niños que casi no pueden jugar. Ofrecerse a jugar crea el campo sobre el que la transferencia desplegada se convierte en fertilizante.

“En la fertilidad crecía el tiempo”, decía Neruda provocativamente. Lo decía alguien que nunca dejó a un lado la incidencia de la realidad material de la vida cotidiana. Pero Neruda subraya que es en la fertilidad de los lazos y los encuentros donde nacen las coordenadas compartidas. Como nace el nosotros de la fantasía compartida entre los niños que se asocian en un juego. Lo que el fertilizante hace crecer y desplegar para ese niño es un tiempo antes coagulado, compactado, aplastado.

No se trata sólo de potenciar una plasticidad sináptica y neuronal (tal como ocurre en un entrenamiento), sino, a partir de ella, desplegar una plasticidad simbólica. Se trata de que en ese despliegue se posibilite un devenir creativo, literario. De lo que, hasta entonces, tantas veces como mandatos inconscientes, era literal. De huellas que son mordiscos dolorosos en un lugar inaccesible.

La experiencia es planteada entonces como productora fértil de esa plasticidad mixta: simbólica y sináptica. La experiencia tiene potencialidad de metamorfosis. En nuestra clínica con niños, muchas veces la gravedad de los cuadros nos lleva a toparnos con inercias y estereotipias, con bloqueos o desbordes que paralizan el juego. En esas situaciones, cuando “no hay más remedio”, Las intervenciones analíticas pueden requerir como complemento intervenciones psicofarmacológicas acotadas sobre algunos síntomas. Entre ambas pueden abrir vías a un despliegue lúdico y simbólico e inhibir, por lo contrario, circuitos de goce y padecimiento. Pueden contribuir así al despliegue de un jugar que no sólo adiestre o imite, sino de un jugar que permita al niño inventar al hombre.

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Sin lenguaje analógico las palabras no alcanzan

Ahora bien, para reconstruir una infancia que no fue, si los autismos no son homogéneos, pero tienen algo en común: una aparatosa y rígida estructura, una fortaleza sin vida, deshabitada; si no es un niño solamente alterado en su desarrollo, sino que en él ciertas matrices de la subjetividad no se constituyeron, se han distorsionado o deteriorado, en lugar de síntomas hay funciones inexistentes o trastornadas; si el rasgo central de esta devastación es la ausencia llana de una representación de sí o de una representación de sí como viviente y por ende dificultades severas en sus posibilidades de establecer lazo social con otro y de crear alguna forma de interioridad para consigo mismo; y si el problema está enraizado en las primeras relaciones vinculares, “…se hace necesario realizar un abordaje lúdico a través de una comunicación integral, es decir desde el lenguaje analógico (de la acción, corporal) y desde el lenguaje digital (verbal)”[2].

El lenguaje analógico tiene un sistema de comunicación que si bien sustenta al lenguaje verbal, éste adquiere otras reglas que pueden ser complementarias. Si ambos lenguajes se integran una sola forma de comunicación integral ayuda al niño a ocupar ese vacío, en caso de que haya contracciones da lugar a malentendidos, confusión y llegar hasta la psicopatología.

A través de la acción lúdica terapéutica desde el lenguaje analógico primero primigenio y sustento para el desarrollo del lenguaje de la palabra llevaremos con mayores posibilidades a “llenar ese cuerpo vacío” y brindarle las matrices de la subjetividad que no se constituyeron, se han distorsionado o deteriorado. Es de nuestra experiencia que niños que no hablaba o su expresión corporal era casi nula, poco a poco fueron constituyendo el lenguaje interno y posteriormente la palabra.

Recordemos que con estos niños “…Demasiado a menudo y durante demasiado tiempo hemos permanecido fuera y los hemos contemplado con creciente asombro teórico a medida que su conducta seguía transgrediendo las leyes de los abordajes clínicos y pedagógicos ortodoxos. Actualmente nuestra única esperanza es poder adentrarnos en él y mirar el mundo a través de sus ojos”[3].

Fuera de ser repetitivos: …más acá o más allá de que el niño, que en algunas oportunidades, como complemento, necesite psicofármacos acotados sobre algunos síntomas. Entre ambas terapéuticas se puede abrir vías a un despliegue lúdico y simbólico e inhibir, por lo contrario, circuitos de goce y padecimiento. Pueden contribuir así al despliegue de un jugar que no solo adiestre o imite, sino de un jugar que permita al niño inventar al hombre.

“Los principios que guían el abordaje clínico son completamente diferentes en el DSM y la Clasificación Francesa (CFTMEA-R). Los norteamericanos proponen un abordaje fijado de antemano: se trata de reunir ítems sintomáticos o comportamentales, cuya adición permite establecer el diagnóstico; mientras que ante hechos comparables los autores franceses tienen la posibilidad de apoyarse en criterios diversificados de orden psicopatológico (…) Para los autores franceses la evaluación clínica es un encuentro con una familia y un niño, la etiopatogenia no está definida de antemano”[4]

[1] Wanderley, S. (2017) Análisis Corporal de la Relación y la Nueva Educación Afectiva.

[2] Wanderley, S. (2017) Ob. Cit.

[3] Jame, Anthony (1958)

[4] Mises, R. (2005) El autismo: la perspectiva clínica y psicopatológica. Entrevista por F. Casasoprana y D. Wintrebert (2006), Buenos Aires, julio/agosto 2005.