EL HIJO TIENE QUE SENTIRSE AMADO Y VALIOSO

La diferencia reside en la actitud de uno y otro hacia sí mismo;  en su grado de autoestima.

Autoestima

¿Qué es la autoestima? Es lo que cada persona siente por sí misma. Su juicio general acerca de sí mismo, la medida en que le agrada su propia persona en particular.

La autoestima elevada no consiste en un engreimiento ruidoso. Es, en cambio, un silencioso respeto por uno mismo, la sensación del propio valor. Cuando uno la siente en lo profundo de su ser, se alegra de ser quien es. El engreído no tiene más que una delgada capa que cubre la falta de autoestima. Aquel cuya autoestima es elevada no pierde el tiempo en impresionar a los demás, sabe que tiene valor.

El concepto que el niño tiene de sí mismo influye en la elección de sus amigos, en la forma en que se lleva con los demás, en la clase de persona con la que se ha de casar y en la medida de los productivo que será en el futuro.  Afecta su creatividad, su integridad y su estabilidad, y decide si ha de ser conductor o seguidor. Su sentimiento del propio valor constituye el núcleo de la personalidad y determina la forma en que emplea sus aptitudes y habilidades. La actitud hacia sí mismo pesa en forma directa sobre la forma en que vivirá todas las etapas de su vida. De hecho, la autoestima es el factor que decide el éxito o el fracaso de cada niño como ser humano.

Así, pues, resultaría difícil exagerar la importancia de la autoestima para nuestros hijos. Todo padre que se preocupe por ellos debe ayudarlos a creer firma y sinceramente en sí mismos.

El respeto sólido por uno mismo se funda en dos convicciones principales:

“Soy digno de que me amen” (“Importo y tengo valor porque existo”)

“Soy valioso” (“Puedo manejarme por mí mismo y manejar lo que me rodea con eficiencia. Sé que tengo algo que ofrecer a los demás”)

Aunque individualmente único como persona, todo niño tiene estas mismas necesidades psicológicas de sentirse valioso y digno de amor. Y esas necesidades no terminan con la infancia. Todos las tenemos, y nos acompañarán hasta la muerte. Su satisfacción es tan esencial para el bienestar emocional como el oxígeno para la supervivencia física. Al fin de cuentas, cada uno de nosotros es, para sí mismo, el “compañero de cuarto” de toda la vida. Por mucho que uno se esfuerce, la única persona cuyo contacto no puede eludir es uno mismo. Lo mismo ocurre a nuestros hijos. Con nadie viven en tanta intimidad como consigo mismos, y tanto para su crecimiento óptimo como para que logren una vida significativa y gratificante, es de la máxima importancia el respeto por sí mismos.

Llegados a este punto, alguien podría decir: “Esto no me concierne, porque yo amo a mi hijo y pienso que es valioso” Notemos, entonces, que la prescripción no habla de que “uno ame al niño”, sino de que “el niño se sienta amado”. Y existe entonces una enorme diferencia entre ser amado y sentirse amado.

Lamentablemente muchos padres que está seguros de amar a sus hijos, al mismo tiempo que, por alguna razón, estos últimos no reciben el mensaje de ese amor. Tales padres, no han sido capaces de comunicar sus sentimientos. Lo que importa es comprender:

Lo que afecta el desarrollo del niño es su sentimiento de ser amado o no.

Lo mismo que ocurre con el amor se aplica al hecho de que el niño se sienta valioso. Debemos saber cómo llega a destino el mensaje que le transmitimos en cuanto a que él es eficiente y tiene algo que ofrecer a los demás. De esa manera, también este sentimiento podrá transformarse en parte integrante de su imagen de sí mismo.

Ahora bien, ¿de donde proviene esta autoestima que constituye el ingrediente decisivo de la salud mental? El estudio llevado a cabo entre nosotros, indica que este factor no se relaciones ni con la fortuna familiar, ni con la educación, ni con la zona geográfica de residencia, ni con las clases sociales, ni con la ocupación del padre, ni con el hecho de que la madre esté siempre en casa. Depende, en cambio de la calidad de las relaciones que existan entre el niño y aquello que desempeñan papeles importantes en su vida.

Todo niño normal nace con la potencialidad necesaria para alcanzar la salud mental. Pero el hecho de que esa potencialidad florezca se cumplirá o n, de acuerdo con el clima psicológico en que le toque vivir. Para saber si el clima que rodea a nuestros hijos los nutre o los marchita, debemos indagar y comprender:

  • En qué medida se induce la autoestima elevada;
  • En qué forma la visión de sí mismo por parte del niño afecta su comportamiento;
  • Cuál es el precio que el niño paga por vivir con una autoestima baja; que podemos hacer para fomentar la autoestima elevada.

Estos temas constituyen la base de las primeras entregas en nuestro blog que vamos a llamar “El fenómeno de los espejos”.

Una vez que hayamos comprendido el proceso por medio del cual se llega a la autoestima, tendremos que adquirir conciencia de los factores específicos que permiten al niño llegar a la conclusión de que él es digno de que lo amen. Es lo que corresponde a lo que llamaremos “El clima del amor”, teniendo en cuenta lo siguiente:

  • La influencia de los sentimientos sobre la autoestima, junto con las maneras positivas de manejar tal sentimiento.
  • Los efectos de la autoestima sobre la inteligencia y la creatividad, junto con la manera de fomentar el desarrollo psíquico.
  • La influencia de la educación sexual sobre la autoestima.

Al comprender qué es lo que hace funcionar a nuestros hijos, dispondremos de un medio que nos permitirá evaluar el clima que les proporcionamos. Así podremos detectar las porciones de ese clima que se deben cambiar. Y, lo que es más importante, así nos ahorraremos también, en gran medida, las consecuencias que para nosotros y nuestros hijos podría tener el realizar a tientas nuestra labor de progenitores.

Muchas investigaciones recientes indican que las buenas intenciones de los padres para con sus hijos tienen más probabilidades de convertirse en realidad cuando los primeros dan a los segundos una vida en la que estos se sienten contentos de ser quienes son. Ya no podemos ignorar ni dejar librado al azar algo que sabemos que es la característica más importante de todo joven: su grado de respeto por sí mismo.

La clave del éxito de los padres reside en ayudar a los niños a desarrollar altos niveles de autoestima.

Hasta la próxima.

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