LA ESCUELA COMO LUGAR DE RESUBJETIVACIÓN

HAY QUE SACAR A LOS JÓVENES DEL LUGAR DE OBJETOS PARA TRANSFORMARLOS EN SUJETOS AUTÓNOMOS Y SOLIDARIOS [1]

construir ciudadanía
Los objetos (flauta, violín) son cosas y los jóvenes son sujetos, personas.

Tenemos que empezar a desanudar la cuestión de que la escuela no sólo debe ser un lugar de transposición de conocimientos, sino que también debe ser un lugar de resubjetivación, es decir, sacar a los jóvenes del lugar de objetos para transformarlos en sujetos autónomos y solidarios.

Hay que salir del paradigma tramposo del “sálvese quien pueda” en soledad. Nos salvamos entre todos o nos hundimos en el abismo.

Me opongo totalmente a que la escuela sea solamente un lugar de transmisión de conocimientos. Los niños supuestamente incluidos, los que no están excluidos, tienen jornadas laborales que no hubieran soportado los obreros del principio del siglo XX. Van a la escuela diez horas con el transporte escolar incluido, tienen tareas para hacer, tienen vedado jugar durante la semana, y en algunos casos el fin de semana es un tiempo para seguir trabajando en los deportes y en los equipos grupales. De esta manera estamos frente a situaciones en las que el temor de los padres a que los hijos queden fuera de la cadena productiva los lleva a perder de vista toda posibilidad de construcción de un sujeto, de una persona, para centrarse en cambio en la administración de conocimientos, como si uno instruyera una computadora. La escuela tiene que romper este molde. Tiene que ayudar a producir subjetividades que no solamente sirvan para la aplicación del conocimiento, sino para la creación de conocimientos y de conocimientos con sentido, no solamente con el único sentido de ganarse la vida, sino con sentido.

La construcción de subjetividades no se puede hacer sino sobre la base de proyectos futuros. Y los proyectos futuros no se establecen sobre la realidad existente, sino sobre la realidad que hay que crear.  Lo que caracteriza al ser humano no es la instrumentación. Toda la cultura humana es la creación de realidades inexistentes. Por ejemplo, si el niño que no se molesta porque le cambian de la tetina al biberón, algo raro pasa. Los caprichos son parte de la humanización, porque quiere decir que nos regimos por cosas que no son puramente auto conservativas, sino por signos que tienen que ver con otras variables.

Tenemos que reconocer de alguna manera la idea de que los niños no son computadoras. Y hay que ayudar a los padres a plantearse la diferencia entre miedo y terror. Cuando se tiene miedo, no solamente se sabe a qué se le teme, sino también sabe, o puede aprender, cómo defenderse. Por eso, el miedo tiene un carácter operatorio. El terror es saber a qué se teme, pero nadie sabe cómo va a sobrevivir en el futuro. Ni siquiera los que están incluidos hoy.  En consecuencia, nuestro gran problema es restituir la idea de que el futuro lo tenemos que construir. Si nosotros pretendemos amoldarnos a esta realidad, no vamos a poder sobrevivir. O construimos esta realidad de otro modo, o nos va a ir aniquilando. Desde esta perspectiva, creo que la solución es la reciudadanización de los padres, además de la contención, para que puedan creer en legalidades aplicables y no se siga destituyendo el valor de la palabra.

Así como la escuela no se puede reducir a alimentar a los niños, tampoco se puede reducir a la transmisión de conocimientos. La escuela tiene que partir de la idea de que cada ser humano que tiene ahí es un sujeto. Una vez una docente preguntó cómo hacíamos para sacar a los próceres del bronce, mientras que ahora hay nuevas lecturas de la historia argentina en las que aparecen más humanizados, hasta pueden haberse “sentido angustiados y culpables” por independizarse de la corona española. En una salita una niña de casi 4 años cantaba una canción muy divertida sobre San Martín que dice “…ese niño correntino llamado José…” Es impresionante porque en una época era impensable un San Martín niño llamado José en un burrito blanco. Cuando esa maestra me preguntó cómo sacar a los próceres del mármol o del bronce, le dije: el problema es que nuestra historia quedó cosificada, por lo tanto, hay que enseñarles a los niños que ellos son los futuros Sarmientos, Belgranos, Morenos de este país.

Estamos hablando de la escuela como núcleo de recomposición de ciudadanía, y a partir de eso, cómo, desde la escuela, tendemos redes diferentes para el conjunto de la comunidad. Es verdad que en la escuela se contiene al niño, pero luego lo lanzamos al vacío; se produce un corte por el cual no puede procesar lo que recibió. Por supuesto, el Estado tiene una enorme responsabilidad que no puede delegar. Es muy impresionante ver cómo la sociedad civil salió durante años a reemplazarlo frente a su retiro, y esto fue lo que dio nacimiento a las ONGs que son la muestra del fracaso del Estado argentino, las forman es que la sociedad civil salió y sale a reemplazar las funciones que el Estado no cumple. Un ejemplo actual es como en una propaganda televisiva sale una niña diciendo “…ahora que terminan las clases no vamos a tener un vaso de leche…” y acto seguido se solicita a la ciudadanía acudir con leche en polvo, alimentos, etc. para repartir para las fiestas de fin de año.

Así como hablamos de asimetría entre el niño y el adulto, también hay asimetría de poder que debe ser absolutamente reclamada desde el punto de vista del ciudadano en cuanto a que no todos tenemos la misma responsabilidad. Ni todos los argentinos somos culpables, ni todos tenemos la misma responsabilidad. Ha habido y hay víctimas y verdugos, gente que roba y gente que no roba.

Ahora bien, cuando hablo de reciudadanización no hablo de abstenerse de la presión que hay que ejercer sobre el Estado, sino de cómo nosotros, desde un protagonismo diferente, vamos marcando las necesidades que tiene la población. No lo reducimos a reclamar al Estado, ni tampoco nos planteamos reemplazar al Estado en su construcción. Pero la escuela es un ente del Estado, entonces puede cumplir esa función se asimetría y de ayuda para la resubjetivación, y al mismo tiempo tiene que pedir al Estado los recursos para ampliarla. Así como se sale en salud con planes de prevención antialcohólica, hoy la escuela tiene que ser un núcleo de la colectividad. No puede ser solamente el lugar donde se imparte enseñanza. Porque nosotros tenemos que reciudanizar este país. Y cuando digo esto me refiero a dar identidad, pertenencia y protagonismo a todos los que hemos quedado afuera de la historia durante tanto tiempo.

La construcción de un ser humano no puede sólo limitarse al presente, debe están tendida hacia el futuro. Estas son las contradicciones de la sociedad argentina que la escuela refleja. Por supuesto que en nuestras escuelas hay bolsones terribles de autoritarismo, de inoperancia, de burocracia. Entiendo que a veces es muy difícil luchar contra eso que está asentado. Sólo doy ideas sobre las cuales pienso que hay que plantear la transformación. Si no reconocemos nuestra propia subjetividad, no podemos recomponer la del otro, pero también es verdad que la recomposición del otro implica nuestra recomposición. Este es un juego de ida y vuelta.

Es imposible recomponer la subjetividad del otro sin hacerlo con la propia. En este sentido, los maestros tienen derechos que deben reclamar, posiciones que tienen que levantar y enfrentamientos que inevitablemente van a tener, porque lo que pasa en el país pasa dentro de la institución educativa: la desidia, el desinterés, la identificación con los marginados en su falta de futuro; la sensación de que se les enseña a niños que no van a ir a ningún lado, que se está cumpliendo una función también sin futuro. Todo eso está en nosotros y es muy difícil sustraerse, pero no podemos dejar de enseñarles.

Es muy difícil recomponer la esperanza en nuestro país. Son varias las generaciones las que están decepcionadas, tenemos una tarea muy dura por delante. Pero…toda planta hace un bosque. Hay que salvar lo que quede del incendio y empezar a construir cultivos para el resto. Hay que enamorarse de proyectos, aunque a uno le han impedido durante años llevarlos a cabo, porque si no lo podemos hacer, estamos liquidados. Por eso estoy dispuesto a enamorarme otra vez, pero no de una propuesta en particular, sino de esperanza y proyectos compartidos.

Hasta la próxima.

[1] Este artículo está basado en párrafos del libro de Silvia Bleichmar Violencia Social-Violencia escolar, págs. 48-55.