NUEVOS APORTES SOBRE EL JUGAR

NUEVOS APORTES SOBRE EL JUGAR

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Me parece válido el principio general de que la psicoterapia se realiza en la superposición de dos zonas de juego, la del paciente y la del terapeuta. Si éste último no sabe jugar, no está capacitado para la tarea. Si el que no sabe jugar es el paciente, hay que hacer algo para que pueda lograrlo, después de los cual comienza la psicoterapia. El motivo de que el juego sea tan esencial consiste en que, en él, el paciente se muestra creador” D.W. Winnicott (1995) Realidad y juego.

Todo lo que señala Winnicott es válido, pero podemos señalar una diferencia. Por qué se habla de la superposición del juego. Ésta alude a zonas preestablecidas que se interceptan. Podemos incorporar algo pensado para evidenciar, desenmascarar y favorecer la puesta en juego de lo que resiste tras las bambalinas su entrada en escena, lo fundamental del jugar en análisis es lo que se produce entre quienes juegan. Es el jugar el que en su borbotear, busca palabras y trajes para lo indecible y nos hace jugadores. Es lo que, surgiendo entre niño y analista, nos sorprende, nos muestra, a ambos, creadores. Esta salida de lo esperable y programado, a la que Winnicott le da tremenda importancia al priorizar la sorpresa por sobre lo “preparado-interpretado”, no se encuentra adecuadamente presentada en la formulación de la superposición de las zonas en juego. Estas no están preestablecidas, sino, se crean en el jugar mutuo como un garabato común. Jugar en transferencia es apostar a que en ese “entre” surja el acontecer del juego. Entrar en el juego es entrar en ese “entre” que no es algo que cada uno trae, sino la disposición a diseñar. A hacer, entre dos, un lugar donde dejar que lo que pueda advenir, lo que esté porvenir, venga.

Todo jugar, aun el más espontáneo, surge dentro de un contexto de pautas o reglas de juego. La espontaneidad las supone y es en relación con ellas que se despliega, transfiriéndola de modo lúdico y aceptable. Una gambeta en el fútbol o una ocurrencia en un juego de palabras adquiere originalidad por su encontrarse, por su diferencia con una sujeción a crítica, a reglas que ambos procederes suponen, aun cuando la relación con ellas es diferente.

El jugar espontáneo, por otra parte, se opone a lo que ya está jugado y eso -en los términos planteados- estipula una diferencia entre los duendes, personajes creados por el niño frente a los personajes títeres que responden a la lógica del fantasma inconsciente que impone goces. Que captura y aliena. El juego es heredero y a la vez se diferencia de lo sagrado, de lo solemne; en ese sentido, el duende es lo contrario de un sacralizado fantasma que aterra, paraliza, inmoviliza, deja sin palabras. Es lo contrario de lo que ha sido jugado desde otros sin que se haya hecho allí lugar al jugar protagónico del niño. Y en niños graves, lo “jugado” es mucho, tanto que a veces pareciera genético.

Lo jugado a veces queda coagulado en el juguete, sean estos mecánicos o cibernéticos. Porque el jugar es una dimensión absolutamente mayor que la del juguete. En todo caso, el juguete es un pobre, a la vez que fascinante, pretexto y soporte de la posibilidad de jugar, de la disposición a jugar. Muchas veces no es más que un débil instrumento para el juego, una forma infantil de propiedad y poder, lo que se evidencia en esas formas de apoderamiento, a veces necesario por un tiempo, de juguetes. Pero todos conocemos esos chicos “latifundistas de juguetes”, cuyos cuartos, como podemos ver en algunos hogares, está atiborrados sobre todo de ese tipo de juguetes de los que podríamos decir que parece que no le hiciera falta al chico.

Me parece central la idea de que el niño no sea “jugado” por el juguete; sacar al chico del lugar de ser gozado por el juguete para acercarlo a una relación en falta con el juego: que no está todo allí, que hay algo que él puede poner, algo que puede añadir, y esto le habilita un espacio protagónico, más aún en épocas en que los juguetes desbordan de significaciones.

Con el jugar en análisis, es la sanción del analista la que determinará si algo es un juego o no. Y, como dijimos, hacer ingresar a un campo de juego, poner sobre la escena, construye infancia. Más un, en nuestra relación lúdica utilizamos menos «juguetes» estructurados (tren, casa, auto) y ponemos cosas con las cuales el niño puede construir su propio auto, su propia casa. Es decir, alimentar la creatividad a través de los objetos no estructurados que ayudan al niño a profundizar en sus fantasma que vienen de lo más lejano de su constitución histórica, del inconsciente reprimido. Así, por ejemplo, con una tela y una o varios balones construir su «muñeco», con una caja recrear un auto o ser un elemento de contención sustituto. Sigue leyendo «NUEVOS APORTES SOBRE EL JUGAR»